¿Hay que estirar antes de entrenar, o lo que hace falta es calentar?

Calentar y estirar no son lo mismo, y solo uno de los dos tiene sitio al principio. Qué dicen las guías y por qué el estiramiento rinde más al final.

Hombre adulto estirando el hombro antes de entrenar en un gimnasio luminoso.

«Estírate bien antes de empezar, que si no te lesionas.» Es de las frases más repetidas del gimnasio, del polideportivo y de la clase de educación física de hace cuarenta años. El matiz que lo cambia todo es que calentar y estirar no son lo mismo, y solo uno de los dos tiene sitio al principio.

Calentar y estirar no son lo mismo

Durante años las dos ideas se juntaron en una sola. Por eso mucha gente dedica los primeros minutos a estiramientos mantenidos: coger una postura y tirar del músculo sin moverse, en frío.

Calentar es otra cosa. Es empezar suave y entrar en calor con movimiento: caminar unos minutos, mover las articulaciones por su recorrido, hacer las primeras series muy ligeras. El cuerpo sube de temperatura y llega despierto al primer esfuerzo de verdad.

Las guías recomiendan lo segundo. Sobre lo primero, no hay pruebas sólidas de que el estiramiento estático intenso en frío prevenga lesiones. De ahí la recomendación habitual, que cabe en una línea: movilidad antes, estiramiento mantenido después.

Que no prevenga lesiones no significa que sobre

Aquí es donde el titular suele pasarse de frenada. La frase correcta no es «estirar no sirve». Es «estirar no hace eso».

El trabajo de flexibilidad tiene su sitio y se nota en cosas concretas: atarse los zapatos, girarse en el coche, alcanzar el estante de arriba. Eso es movilidad, y entre los 50 y los 65 es de lo primero que se pierde sin que nadie lo mida. Simplemente rinde más al final, con el músculo caliente, que al principio.

Cinco minutos antes, cinco después

Antes: caminar suave y mover hombros, caderas y tobillos por su recorrido, sin forzar.

Después: estiramientos mantenidos y suaves, sin rebotes y sin llegar al dolor.

Por qué el calentamiento gana peso con los años

Hay una sensación que casi todo el mundo reconoce a partir de cierto momento: los primeros minutos cuestan más que el resto. Los tejidos arrancan más rígidos y el cuerpo tarda un poco más en ponerse en marcha.

Eso no es un aviso para hacer menos. Es un aviso para entrar en calor de forma progresiva. Unos minutos de movimiento suave antes de la fuerza o del paseo marcan la diferencia entre empezar a gusto y empezar agarrotado.

Y el mismo razonamiento explica el final de la sesión. El estiramiento se queda para cuando el músculo ya está caliente, que es cuando el recorrido se gana sin tirones. La recuperación no es el rato que sobra: es parte del entrenamiento.

Si quieres el mapa completo, la movilidad ocupa uno de los apartados de las 25 cosas que empiezan a cambiar en estos años.