Mujer revisando varios frascos de suplementos en la mesa de su cocina.

Ilustraciones generadas con inteligencia artificial.

NMN, resveratrol y taurina: qué queda de las promesas de longevidad

Tres suplementos que se venden como antienvejecimiento y la historia de cómo un hallazgo en ratones acaba en un bote. Qué han encontrado los ensayos en personas, incluido el estudio que desmontó a la taurina.

Hombre mayor revisando varios botes de suplementos en la mesa de una cocina, con luz natural.

Hay una segunda estantería de suplementos, distinta de la de siempre. No promete dormir mejor ni cuidar las articulaciones: promete frenar el envejecimiento. NMN, resveratrol, taurina, precursores del NAD+. Los nombres suenan a laboratorio y esa es media venta. Vale la pena mirar qué han encontrado los ensayos en personas, porque la distancia entre el titular y el resultado es aquí más grande que en ningún otro sitio.

Cómo se fabrica una promesa de longevidad

El patrón se repite tanto que casi se puede recitar. Primero aparece un hallazgo en células o en ratones, casi siempre llamativo y publicado en una revista importante. Después la prensa lo cuenta con el verbo cambiado: lo que era «se asocia a» pasa a ser «alarga la vida». Y en unos meses hay botes en la estantería con ese nombre en la etiqueta.

El eslabón que falta siempre es el mismo: comprobarlo en personas, durante suficiente tiempo, midiendo algo que le importe a la persona. Fuerza, autonomía, enfermedad, mortalidad. No un marcador en sangre.

La taurina, o el ciclo completo en dos años

Es el mejor ejemplo reciente, porque ha dado la vuelta entera y está documentado paso a paso.

En 2023, un equipo entonces en la Universidad de Columbia publicó en Science un hallazgo doble. Los niveles de taurina descendían con la edad en personas, ratones y monos. Y los ratones suplementados vivían más. La lectura fue inmediata: si baja con la edad y reponerla alarga la vida de un ratón, tomarla debería ayudar. Las ventas se dispararon.

En junio de 2025 llegó la revisión de esa premisa. La firmaron investigadores de los Institutos Nacionales de la Salud estadounidenses, también en Science, siguiendo a las mismas especies a lo largo del tiempo. El resultado fue el contrario: la taurina circulante no desciende con la edad en humanos sanos, primates ni ratones. Con frecuencia se mantiene o incluso sube.

El NIH lo resumió sin rodeos en su nota: es improbable que la taurina sea un buen biomarcador del envejecimiento. Y ese mismo año, por otra vía, un equipo publicó en Aging Cell lo que faltaba. Midieron la taurina en sangre de 137 hombres de 20 a 93 años y no encontraron relación con la edad, la masa muscular, la fuerza, el rendimiento físico ni la función mitocondrial.

Cómo saber de dónde sale el dato

La pregunta es una sola: ¿el estudio siguió a las mismas personas a lo largo del tiempo, o se limitó a fotografiar a gente de distintas edades a la vez? La segunda forma es más barata y más rápida, y confunde el efecto de la edad con el de haber nacido en otra época. Buena parte de las correcciones que se publican en este campo son exactamente eso: alguien que repitió el estudio siguiendo a los mismos sujetos.

NMN y precursores del NAD+: suben el marcador, falta lo demás

El NAD+ es una molécula necesaria para el metabolismo celular, y su disponibilidad cambia con la edad. De ahí la lógica comercial: si se aportan precursores —NMN, NR— debería reponerse.

Una revisión sistemática publicada en 2026 reunió 113 estudios, de los cuales 33 eran intervenciones en personas y 28 de ellas ensayos aleatorizados. El balance tiene dos mitades:

  • El NMN y el NR sí elevan el NAD+ o metabolitos relacionados en sangre y en determinados tipos celulares, y se toleran bien durante semanas o meses.
  • Los efectos sobre lo que de verdad importaría —función física, metabolismo, sistema vascular— son heterogéneos y a menudo nulos.

Los autores piden lo mismo que se lleva pidiendo años: ensayos más largos y con resultados que le importen a la persona.

Es una distinción que va bien tener a mano para leer cualquier anuncio de este sector: mover un marcador no es mejorar una salud. Son dos afirmaciones distintas y solo una de las dos está demostrada.

Resveratrol: el más antiguo y el que peor ha envejecido

Es el veterano de esta estantería. Nació asociado a la paradoja del vino tinto y a los genes de la longevidad, y arrastra dos décadas de expectativas. Aquí conviene afinar, porque la respuesta corta se queda corta.

Una revisión de 2026 que agrupó 45 revisiones sistemáticas de ensayos aleatorizados sí encontró efectos. Cuatro de ellos con la máxima certeza:

  • Algo menos de perímetro de cintura.
  • Algo menos de colesterol total en personas con sobrepeso.
  • Una bajada de la tensión en personas con diabetes tipo 2.

Y otros de certeza moderada en glucosa, función renal, memoria de trabajo o inflamación. Lo que no aparece en ninguna de las 45 es un resultado sobre longevidad o mortalidad. Modificar un parámetro no es envejecer más despacio, y ese es exactamente el salto que da la industria del antiaging y que no da la evidencia.

El problema de fondo, que afecta a los tres

Hay una dificultad estructural que ninguna marca va a resolver: los ensayos de suplementos duran semanas o meses, y el envejecimiento ocurre a lo largo de décadas. Comprobar de verdad que algo «frena el envejecimiento» en personas exigiría seguimientos que casi nadie financia. Por eso el campo se llena de estudios cortos con marcadores intermedios, que es justo el material del que se hacen los titulares.

Nada de esto significa que estos compuestos sean peligrosos ni que la investigación sea humo: el trabajo sobre el NAD+ es serio y sigue en marcha. Significa otra cosa. Hoy, para quien se plantea gastarse el dinero con el objetivo de frenar el envejecimiento o vivir más años, la respuesta honesta es que no hay resultados clínicos que lo justifiquen.

Si te interesa la estantería de al lado —la de los suplementos con recorrido más largo—, la tienes en suplementos a partir de los 50.

Las promesas de longevidad son uno de los 25 apartados de lo que empieza a cambiar entre los 50 y los 65. Allí está el resumen de cada uno con su fuente.