Mujer de más de 50 años practicando un movimiento suave de tai chi en casa.

Ilustraciones generadas con inteligencia artificial.

Yoga y tai chi se parecen menos de lo que se cree

Dos disciplinas lentas con más respaldo del que parece, sobre todo en equilibrio. En qué se diferencian, a quién le encaja cada una y qué esperar de ellas.

Mujer mayor practicando tai chi en una sala luminosa y tranquila.

Son las dos disciplinas lentas que más gente de 50, 60 y 70 años ha sumado en los últimos años, y no por moda pasajera. Se parecen menos de lo que se suele suponer: una trabaja sobre todo el recorrido del cuerpo, la otra el equilibrio. Merece la pena saber cuál es cuál antes de apuntarse a la que quede más cerca.

Tai chi · el que aparece en las guías por el equilibrio

Esos movimientos lentos y continuos que se ven en los parques vienen de un arte marcial. Hoy se practican como actividad suave de equilibrio y control corporal. Y tiene un mérito que pocas disciplinas pueden reclamar: aparece de forma explícita entre las actividades recomendadas para trabajar el equilibrio en personas mayores. Está dentro del conjunto de ejercicio que ayuda a moverse con más estabilidad y confianza.

Es de bajo impacto y combina tres cosas a la vez: movimiento, postura y concentración. Es justo lo que pide el equilibrio, que no es solo cuestión de piernas. Es atención sostenida a dónde está el cuerpo.

Yoga suave · el que devuelve el recorrido perdido

El yoga ha dejado de verse como cosa de gente joven y flexible. Han crecido mucho las clases de yoga suave, en silla o adaptado, pensadas para moverse despacio y sin forzar, sin posturas imposibles ni ambiente competitivo.

Cuenta como actividad física. Y en sus versiones suaves es una buena forma de trabajar tres cosas:

  • Movilidad, equilibrio y respiración, que es lo que se busca de entrada.
  • El rato de calma, que muchos buscan y que no es un extra menor.
  • El recorrido articular, que es donde más se nota: lo que uno alcanza, gira y se agacha sin pensarlo.

Lo que decide es la clase, no el estilo

Dos clases de yoga con el mismo nombre pueden ser cosas opuestas. Antes de apuntarse hay que preguntar tres cosas: si el grupo es de nivel parecido, si hay adaptaciones y si se puede hacer sentado. Y a quien pone pegas a esas preguntas, mejor no darle el dinero.

Cuál elegir, y lo que ninguna de las dos hace

Si lo que preocupa es la inseguridad al caminar o el miedo a caerse, el tai chi apunta más directo a eso. Si lo que pesa es la rigidez —girarse a aparcar, agacharse, alcanzar un estante—, el yoga suave encaja mejor. Y no hay ninguna razón para elegir: se complementan bien.

Y hay un límite que ponerles: ninguna de las dos sustituye al trabajo de fuerza. Son excelentes complementos. La recomendación general para estas edades sigue siendo combinar fuerza, actividad aeróbica, equilibrio y flexibilidad, y estas dos cubren muy bien dos de esas cuatro patas.