El calzado que más importa no es el de salir a andar

El marketing promete que la zapatilla adecuada lo cambia todo. Para caminar, la comodidad manda sobre la tecnología.

Hombre de unos 60 años atándose unas zapatillas cómodas en el recibidor de casa.

Zapatillas de máxima amortiguación, minimalistas, con placa de carbono, con sensores. Cada temporada llega una tecnología nueva y la sensación de que sin ella se camina peor. Para quien solo quiere andar a diario, la respuesta es más sencilla, más barata y menos comercial de lo que parece — y hay un tipo de calzado que importa mucho más que las zapatillas, del que nadie habla.

No existe la zapatilla correcta para todo el mundo

Es la conclusión que menos vende y la que más se repite cuando se mira con calma: no hay un modelo que funcione para todos los pies. Lo que sí hay son tres criterios que aparecen siempre y que no dependen de la marca:

  • Que sea cómodo desde el primer momento. El calzado para caminar no «se doma»: si molesta en la tienda, va a molestar en la calle.
  • Que sujete el pie. Que el talón no baile y que el pie no se desplace dentro al pisar.
  • Que la suela agarre. Es lo que menos se mira y lo que más cuenta en suelo mojado, en una rampa o sobre baldosa pulida.

Y una cosa que suena poco técnica y es sorprendentemente buena guía: la comodidad que se siente al probárselas predice bastante bien cómo va a ir la cosa. Mejor que cualquier eslogan sobre la tecnología de la mediasuela.

Lo de la amortiguación máxima

Es el argumento de venta dominante —«cuanta más amortiguación, menos impacto, mejor para las articulaciones»— y pide un matiz. Una suela muy gruesa y muy blanda separa el pie del suelo, y con ello reduce la información que el pie envía sobre dónde está apoyando. A partir de cierta edad, cuando el equilibrio ya pide atención, esa información no sobra.

Tampoco es un argumento para irse al extremo contrario: el calzado minimalista exige una adaptación que no todo el mundo quiere hacer ni necesita. La versión razonable es la de siempre — ni tabla ni colchón, y comodidad por delante del marketing.

El calzado que de verdad importa está en casa

Aquí está lo que casi nunca aparece en un artículo sobre calzado. Se dedica mucha atención a la zapatilla de salir a andar —una hora al día, con luz, en terreno conocido— y ninguna a la que se lleva puesta el resto de la jornada, que suele ser una zapatilla de casa abierta por detrás, sin sujeción y con la suela lisa de años de uso.

Y buena parte de las caídas ocurren dentro de casa. La chancla de andar por dentro es una causa frecuente y de las más fáciles de corregir que existen: cambiarla por algo cerrado por el talón y con suela que agarre es probablemente la compra más rentable de todo este artículo. Lo desarrollamos en prevención de caídas. Y es de las más fáciles de resolver aquí sin gastar: cualquier zapatería de barrio tiene zapatilla de casa cerrada, y las ortopedias, si el pie pide algo más ancho o más hondo.

La suela, que es donde nadie mira

Una zapatilla cómoda con el dibujo borrado ha perdido justo lo que la hacía segura, y como sigue siendo cómoda no se jubila nunca. Se mira por debajo de vez en cuando.

Mujer mayor atándose unas zapatillas deportivas antes de caminar por un parque

Cómo probárselas

Tres detalles prácticos que ahorran devoluciones. Probárselas por la tarde, porque el pie se hincha a lo largo del día y una talla justa por la mañana aprieta por la noche. Con el calcetín que se vaya a usar, que cambia más de lo que parece. Y fijarse en el ancho, no solo en el número: muchos problemas de rozaduras son de horma, y la talla siguiente no los arregla — los disimula.

Hay además algo que se pasa por alto: el pie cambia con los años: tiende a ensancharse y a alargarse ligeramente. Mucha gente lleva media vida comprando el mismo número por costumbre.

Cuando el pie es asunto de un profesional

Con diabetes, el cuidado del pie y la elección del calzado dejan de ser una cuestión de comodidad y forman parte del seguimiento de la enfermedad. También hay que consultar con dolor persistente, deformidades, heridas que no cierran o pérdida de sensibilidad. Ahí manda un podólogo, no una reseña.

Preguntas frecuentes

¿Hace falta gastarse mucho?

No. El precio se va sobre todo en tecnologías pensadas para correr. Para caminar, lo que hay que pagar es comodidad, sujeción y una buena suela, y eso está disponible en gamas medias.

¿Cada cuánto se cambian?

Más que por tiempo, por estado: cuando la suela ha perdido dibujo, cuando el talón se ha deformado o cuando dejan de sujetar. Una zapatilla vieja puede seguir siendo cómoda y haber dejado de ser segura.

¿Y las plantillas que venden en las tiendas?

Las genéricas pueden dar comodidad. Las que se recomiendan por un problema concreto —dolor, pisada, deformidad— las valora un podólogo, que es quien puede ver si hacen falta y de qué tipo.

Fuentes

Referencias reales en las que se apoya este contenido:

Las fotografías de este artículo son ilustraciones generadas con inteligencia artificial.

Eduardo García, autor de Compás Vital, mirando a cámara

Escrito por Eduardo García

Divulgador, 56 años. CDO en Kenzen Formación —formación de posgrado para fisioterapeutas— y asesor externo del grupo Himba Tours. Escribo sobre los 50 con conocimiento de causa: tengo la edad de quien me lee. Y no publico nada que no pueda sostener con fuentes a la vista.

Divulgación de carácter general, escrita a partir de las fuentes citadas arriba. La valoración individual corresponde siempre a un profesional sanitario: ante dolor, una condición de salud o cualquier duda, pide cita en tu centro de salud y coméntalo con tu médico de cabecera.