Sarcopenia: la pérdida de músculo que no duele y no avisa

La pérdida de músculo con los años es habitual, pero no inevitable: avanza sin dolor y sin aviso. Qué se pierde exactamente, a qué ritmo y qué lo frena.

Hombre mayor sentado en casa observándose el brazo con gesto sereno.

Sarcopenia suena a diagnóstico raro y describe algo que se ve todos los días: cuesta más levantarse del sofá, la compra pesa más que antes, hay que pensárselo dos veces antes de subirse a un taburete. Es la pérdida de masa y de fuerza muscular que acompaña a los años. Y de todo lo que se pierde con la edad, es de lo poco que responde de verdad a lo que uno haga.

Qué se pierde exactamente, y a qué ritmo

Lo primero que hay que deshacer es la idea de que esto es un interruptor que se enciende a una edad concreta. Es un proceso gradual que empieza mucho antes de lo que la gente supone y que durante años no se nota, porque hay margen de sobra.

Y hay un matiz que cambia por completo cómo entender el asunto: no se pierde todo al mismo ritmo. La masa muscular disminuye despacio, pero la fuerza cae más rápido que la masa, y la potencia —la capacidad de aplicar fuerza deprisa— cae más rápido todavía. Por eso alguien puede tener un aspecto parecido al de hace diez años y notar que le cuesta el doble levantarse de una silla baja.

Esa diferencia explica también por qué la báscula no sirve para vigilar esto. El peso puede mantenerse igual mientras por dentro se cambia músculo por grasa, y ahí no hay ninguna cifra que avise.

Las señales llegan antes que las pruebas

Aparecen en los gestos que empiezan a necesitar ayuda: apoyarse en los muslos para levantarse, buscar el pasamanos al bajar, dejar la compra en el suelo a mitad de camino. Son señales funcionales, y se notan mucho antes que cualquier medición.

Lo que acelera el proceso no es la edad

Aquí está la parte que más importa de todo el artículo. La edad pone el fondo del asunto, pero lo que de verdad acelera la pérdida es la inactividad, y con una diferencia enorme.

El ejemplo más claro lo dan los periodos de reposo: unos pocos días en cama por una gripe, una operación o una lesión producen una pérdida de músculo que en condiciones normales llevaría años. Y esa pérdida no se recupera sola al levantarse — hay que ir a buscarla. De ahí que un ingreso hospitalario o una convalecencia larga marquen tantas veces un antes y un después en la autonomía de una persona mayor: no por la enfermedad en sí, sino por las semanas de quietud que trae detrás.

Dicho al revés, que es como resulta útil: perder músculo no es una sentencia de la edad, es en buena parte una consecuencia de dejar de pedirle cosas al cuerpo.

Las dos palancas: el estímulo y la materia prima

El músculo necesita dos cosas para mantenerse, y fallar en cualquiera de las dos limita a la otra. Suena obvio y explica por qué tanta gente no ve resultados: se ocupa de una mitad.

El estímulo es el trabajo de fuerza, y es la herramienta con más respaldo que existe frente a la sarcopenia. La declaración de posición de la NSCA sobre entrenamiento de fuerza en personas mayores es explícita al respecto, y la Organización Mundial de la Salud sitúa el trabajo de fortalecimiento muscular en al menos dos días por semana para personas adultas, incluidas las mayores de 65 años. No hace falta levantar grandes cargas: lo que el músculo entiende es el esfuerzo progresivo y repetido en el tiempo.

La materia prima es la proteína. Y aquí hay un detalle que se pasa por alto: con la edad el músculo se vuelve menos sensible al estímulo de la proteína, de modo que hace falta un aporte suficiente para conseguir la misma respuesta. Los grupos de expertos que han revisado esto coinciden además en algo práctico — importa cómo se reparte: distribuirla entre las comidas rinde más que concentrarla toda en la cena, que es justo lo que hace mucha gente sin darse cuenta.

Las cantidades concretas dependen de cada persona, del peso y de la función renal, así que ese número lo pone un profesional y no un artículo. Lo general es que la comida del mediodía y la cena no pueden ser las únicas que lleven proteína.

Hombre mayor realizando un ejercicio de fuerza con mancuerna en un entorno interior luminoso

Lo que se puede esperar

La pregunta razonable de quien empieza a los 68 es si sirve de algo. La respuesta que da la literatura es bastante rotunda: el músculo responde al entrenamiento de fuerza a cualquier edad, incluso en personas frágiles y en edades muy avanzadas. Puede que el ritmo sea más lento que a los treinta, pero la dirección es la misma.

Y lo que se recupera primero no es el volumen, es la fuerza y el control — que es exactamente lo que se traduce en la vida diaria. Por eso las primeras mejoras que la gente nota no están en el espejo: están en levantarse sin manos, en subir un tramo entero sin pararse, en cargar la compra de una vez.

Cuándo consultarlo

Si la pérdida de fuerza ha sido rápida, si va acompañada de pérdida de peso sin buscarlo, o si aparece tras un ingreso o una enfermedad, eso no es el proceso gradual del que habla este artículo, y se valora aparte. También si hay enfermedad renal, porque entonces el aporte de proteína se ajusta de forma individual.

Preguntas frecuentes

¿Qué es exactamente la sarcopenia?

La pérdida progresiva de masa y fuerza muscular asociada a la edad. Es un proceso gradual, no un diagnóstico que aparece de un día para otro, y se nota antes en lo funcional —levantarse, cargar, subir— que en el aspecto.

¿Es lo mismo que la osteoporosis?

No: la sarcopenia afecta al músculo y la osteoporosis al hueso. Van con frecuencia de la mano porque comparten factores —la inactividad, entre ellos— y porque el mismo tipo de ejercicio ayuda en las dos.

¿Sirven los batidos de proteína?

Son una forma cómoda de sumar proteína, no una solución en sí misma: sin el estímulo del trabajo de fuerza, el aporte extra no construye músculo. Y para la mayoría de personas que comen de forma variada, la comida cubre el asunto sin necesidad de botes. En una dieta de aquí la proteína está sobre todo en las legumbres, el pescado, los huevos y los lácteos, y no hay que comprar nada especial para encontrarla.

Tengo 70 años y nunca he entrenado. ¿Ya es tarde?

No. La respuesta del músculo al entrenamiento de fuerza se mantiene a edades avanzadas, y es de las intervenciones con mejor relación entre esfuerzo y resultado que existen a partir de los 70.

Fuentes

Referencias reales en las que se apoya este contenido:

Las fotografías de este artículo son ilustraciones generadas con inteligencia artificial.

Eduardo García, autor de Compás Vital, mirando a cámara

Escrito por Eduardo García

Divulgador, 56 años. CDO en Kenzen Formación —formación de posgrado para fisioterapeutas— y asesor externo del grupo Himba Tours. Escribo sobre los 50 con conocimiento de causa: tengo la edad de quien me lee. Y no publico nada que no pueda sostener con fuentes a la vista.

Divulgación de carácter general, escrita a partir de las fuentes citadas arriba. La valoración individual corresponde siempre a un profesional sanitario: ante dolor, una condición de salud o cualquier duda, pide cita en tu centro de salud y coméntalo con tu médico de cabecera.