El cambio no empieza cuando se va la regla

El hueso y el corazón cambian de terreno, los sofocos duran más de lo que se cuenta y otras cosas se atribuyen a las hormonas con menos prueba.

Mujer de mediana edad sentada en casa, pensativa y preocupada, con la cabeza apoyada en una mano.

Primero la regla se salta un mes y vuelve. Luego se adelanta, o llega el doble de abundante, o desaparece un trimestre entero y reaparece sin avisar. Se duerme peor y se le echa la culpa al trabajo. Se destapa la cama a las cuatro de la mañana y se le echa la culpa a la calefacción. Cuando por fin pasan los doce meses seguidos sin sangrado que, según la Organización Mundial de la Salud, definen la menopausia, hace tiempo que el cuerpo lleva reorganizándose por dentro. La fecha que se apunta en el calendario es el final de un tramo, no su principio.

La fecha se pone mirando hacia atrás

La menopausia se define por una ausencia. La OMS considera que la natural se ha producido tras doce meses consecutivos sin menstruación, siempre que no haya otra causa fisiológica, patológica o clínica que lo explique. Es un diagnóstico que solo se puede firmar hacia atrás: el día que se cumple el año, hace un año que ocurrió. La mayoría de las mujeres pasan por ahí entre los 45 y los 55 años, y la Serie sobre menopausia que publicó The Lancet en 2024 sitúa la edad típica en los países de renta alta en torno a los 50 o 51.

Al tramo anterior, el que va desde los primeros signos hasta un año después de la última regla, la OMS lo llama perimenopausia, y puede durar varios años. Ahí es donde se concentra casi todo lo que se nota, y donde casi nunca hay una etiqueta que ponerle. Ocurre además antes de lo que suele suponerse: según el artículo de esa misma serie dedicado a la menopausia precoz, alrededor de un 8 % de las mujeres en los países de renta alta —un 12 % en el mundo— llega a la menopausia entre los 40 y los 44 años. Por debajo de los 40 la OMS habla de menopausia prematura, y esa sí tiene otras causas y otro seguimiento.

Los dos síntomas que casi nadie discute

Aquí empieza la parte incómoda, y es mejor decirla de entrada: la lista de lo que la menopausia causa es más corta y más discutida de lo que parece. El artículo que abre la serie del Lancet lo formula sin adornos: al margen de los cambios del ciclo menstrual, «hay incertidumbre sobre qué otros síntomas causa la menopausia», y no existe un síndrome menopáusico universal. Un panel de expertos de los Institutos Nacionales de Salud estadounidenses ya concluyó en 2005 que muchas mujeres tienen pocos síntomas o ninguno, y que solo los sofocos, la sequedad vaginal y, posiblemente, la alteración del sueño eran claramente atribuibles a la menopausia. Veinte años y varios estudios prospectivos después, ese sigue siendo el núcleo duro.

Un sofoco, tal como lo describe la OMS, es una sensación repentina de calor en la cara, el cuello y el pecho, a menudo con enrojecimiento, sudoración y palpitaciones, que puede durar varios minutos. Los declara en torno al 40 % de las mujeres al principio de la transición, y la cifra sube hasta el 60-80 % en los dos años siguientes a la última regla. No todos pesan igual: un análisis conjunto de ocho estudios de cohortes con más de 21.000 mujeres encontró que un 38 % los tenía de intensidad moderada o grave.

El segundo bloque son los síntomas genitourinarios —sequedad, irritación, picor y dolor en las relaciones—, que declaran entre el 10 % y el 40 % de las mujeres ya en la posmenopausia. Se comportan al revés que los sofocos: en lugar de concentrarse alrededor de la última regla, tienden a empezar después de ella y a persistir con los años. La misma serie advierte de que parte de esos cambios puede venir también del envejecimiento sin más, lo que no los hace menos molestos ni menos consultables.

El tramo dura más de lo que se cuenta

La expectativa habitual es que los sofocos se pasan en un par de años. La cifra que más ha movido esa idea viene del Study of Women’s Health Across the Nation, el SWAN, un seguimiento estadounidense de 3.302 mujeres en siete sedes entre 1996 y 2013. Entre las 1.449 que tuvieron sofocos frecuentes —al menos seis días en las dos semanas previas—, la duración total tuvo una mediana de 7,4 años; y entre las 881 de las que pudo fecharse la última regla, persistieron una mediana de 4,5 años después de ella.

El dato con más consecuencias es otro: cuanto antes empiezan, más duran. En las mujeres que ya los tenían siendo premenopáusicas o al principio de la transición, la mediana superó los 11,8 años; en las que los estrenaron cuando la menopausia ya había pasado, se quedó en 3,4 años. Esa cifra pide una cautela, porque cambia el tamaño de lo que mide: los 7,4 años son de sofocos frecuentes, un subgrupo definido a propósito. Contando todos los sofocos juntos, la serie del Lancet da un promedio de cuatro a siete años, con tendencia a disminuir con el tiempo. Dos números distintos porque son dos preguntas distintas, y ninguno de los dos es «un par de años».

Mujer de mediana edad sonriente desayunando en una cocina luminosa con fruta y yogur.

Lo que cambia sin dar la cara

Mientras se discute cuánto duran los sofocos, el hueso hace su parte en silencio y con un calendario propio muy estrecho. El SWAN midió la densidad mineral ósea de 862 mujeres antes y después de su última regla, y encontró que la pérdida arranca un año antes de esa última menstruación y se frena —sin detenerse— dos años después. En esa ventana de tres años, que los autores llaman transmenopausia, se concentra el grueso de todo: de un 10,6 % de pérdida acumulada en diez años en la columna lumbar, 7,38 puntos se perdieron ahí dentro; en el cuello del fémur, 5,8 de 9,1.

Eso significa que la parte del cambio que más se paga a largo plazo ocurre justo cuando nadie la está mirando, y que no manda ninguna señal. A la osteoporosis se la llama la enfermedad silenciosa precisamente por eso: por lo general no da síntomas hasta que se rompe un hueso. Es también el motivo por el que, en esos años, lo que se sabe sobre carga y hueso deja de ser un asunto de personas mayores para ser un asunto de los cuarenta y muchos.

El corazón aparece en la misma nota de la OMS, y con una frase que dice mucho en poco: «la ventaja de las mujeres sobre los hombres en términos de enfermedades cardiovasculares desaparece gradualmente tras la menopausia». Ahora bien, hasta dónde llega la prueba de esa relación es otra discusión, y la serie del Lancet la deja abierta: la caída de la densidad ósea después de la menopausia está establecida, mientras que si la menopausia a la edad habitual aumenta por sí misma otras enfermedades crónicas —diabetes, demencia, enfermedad cardiovascular— «es incierto». Que el terreno cambie no significa que se sepa cuánto de ese cambio lo firman las hormonas y cuánto los años.

Lo que se le atribuye, y hasta dónde llega la prueba

Y aquí está la otra mitad del asunto. La tentación es colgarle a las hormonas todo lo que pasa en esos años; la corrección de moda es no colgarles nada. La evidencia no dice ninguna de las dos cosas, y el mapa —tomado del repaso que hizo la serie del Lancet en 2024— se parece más a esto:

  • El sueño. Está en el escalón de «posiblemente atribuible» desde el consenso de 2005 y sigue ahí. La OMS lo lista entre los síntomas de la menopausia, y la revisión de 2024 lo describe con cuidado: los trastornos del sueño son más frecuentes en mujeres que en hombres a lo largo de toda la vida y pueden aumentar durante la transición; los despertares nocturnos por sofocos son habituales, pero el sueño se rompe también por otros motivos en esta etapa, y hay cuadros —la apnea del sueño, la depresión— que contribuyen. Dicho de otro modo: el sueño de esta etapa casi nunca tiene un solo remitente.
  • El estado de ánimo. El artículo de la serie dedicado a la salud mental es explícito: las mujeres no están universal ni uniformemente en riesgo de síntomas psicológicos durante la transición. Lo que sí está descrito son factores de riesgo concretos —sofocos intensos y prolongados, alteración crónica del sueño, acontecimientos vitales estresantes— y un antecedente que pesa: haber tenido antes un trastorno depresivo aumenta la probabilidad de un episodio nuevo en este tramo. A eso se suma que la transición coincide con una etapa cargada de responsabilidades y cambios de papel. El mensaje que los autores dirigen a los profesionales sirve igual para leerse a una misma: no dar por hecho que los síntomas psicológicos de estos años son siempre atribuibles al cambio hormonal.
  • La memoria y la concentración. Notarlas peor es muy común; medirlas peor, bastante menos. Los estudios prospectivos con pruebas objetivas encuentran cambios pequeños y en su mayoría temporales, y solo en una minoría de mujeres, sin relación clara con el deterioro cognitivo a largo plazo. El SWAN lo midió en 2.362 mujeres durante cuatro años y encontró algo muy concreto: en la perimenopausia dejaban de mejorar al repetir las pruebas como mejoraban antes, y esa mejora volvió a los niveles previos una vez pasada la menopausia. Los autores lo llaman una dificultad limitada en el tiempo.
  • El peso, y lo que hay debajo del peso. Es el reproche clásico, y el que peor se responde con la báscula. El SWAN siguió la composición corporal de 1.246 mujeres: antes de la transición la masa grasa crecía en torno a un 1 % al año; al arrancar la transición ese ritmo se dobló, hasta el 1,7 % anual, y a la vez empezó a caer la masa magra. Ambas trayectorias se aplanan alrededor de año y medio después de la última regla. El peso, en cambio, subía de forma lineal con la edad, sin acelerón en la transición. Lo que cambia con las hormonas, por tanto, se parece menos a un número en la báscula y más a un reparto: dónde se pone la grasa y cuánto músculo se sostiene.

Distinguir esto no es un detalle de matiz, y se paga por los dos lados. Explicarlo todo con «es la edad, es la menopausia» hace que un ánimo por los suelos que dura meses o un sueño roto desde hace un año dejen de mirarse, cuando pueden tener causas propias y tratables. Y negarlo todo tiene el coste simétrico: una mujer con sofocos que le parten la noche desde hace cuatro años aguantando como si fuera un asunto de carácter. Ninguna de las dos cosas se resuelve esperando a que pase el cambio hormonal.

Cuándo esto hay que contarlo en consulta

Este artículo describe un proceso, no dice qué hacer con él, y hay situaciones en las que dar por hecho que «es la menopausia» retrasa lo que sí hace falta mirar. Pide cita en tu centro de salud si aparece cualquier sangrado después de llevar doce meses sin regla —la Asociación Española Contra el Cáncer insiste en que, tras la menopausia, cualquier sangrado vaginal, por pequeño que sea, debe valorarlo un especialista—, si durante la transición los sangrados se vuelven muy abundantes o muy frecuentes, si la regla se retira antes de los 45 años y con más motivo antes de los 40, si hay dolor con las relaciones o molestias vaginales persistentes, o si los sofocos, el sueño o el ánimo están condicionando tu vida diaria. Nada de eso hay que aguantarlo por definición, y cuándo procede hacer algo —y qué— lo decide contigo tu médico de cabecera, que es quien deriva a ginecología o a la matrona si toca. Este texto no sustituye esa conversación.

Preguntas frecuentes

¿Desde cuándo se puede decir que una mujer ya está en la menopausia?

Solo mirando hacia atrás. La OMS considera que la menopausia natural se produce tras doce meses consecutivos sin menstruación y sin otra causa que lo explique, así que la fecha se confirma un año después de haber ocurrido. Al periodo que va desde los primeros signos hasta un año después de esa última regla se le llama perimenopausia, y puede durar varios años.

¿Los sofocos se pasan en un par de años?

No es lo que describen los datos. En el seguimiento estadounidense del SWAN, entre las mujeres con sofocos frecuentes la mediana de duración fue de 7,4 años, con 4,5 de ellos posteriores a la última regla. Contando todos los sofocos, y no solo los frecuentes, la serie del Lancet de 2024 da un promedio de cuatro a siete años. En ambos casos cuenta mucho cuándo empezaron: cuanto antes aparecen, más se prolongan.

¿Los kilos de estos años son cosa de las hormonas?

El peso en sí sube de forma bastante lineal con la edad, sin un salto que coincida con la transición. Lo que sí acompaña a la transición, según el SWAN, es la composición: el ritmo de ganancia de grasa se dobla y la masa magra empieza a caer, y ambas cosas se estabilizan alrededor de año y medio después de la última regla. Por eso la báscula puede moverse poco mientras cambia lo que hay debajo.

¿La niebla mental de estos años anuncia algo peor?

Los estudios prospectivos con pruebas objetivas encuentran cambios pequeños, en su mayoría temporales y en una minoría de mujeres, y no los han relacionado de forma clara con el deterioro cognitivo a largo plazo. En el SWAN, el rendimiento volvió a los niveles previos una vez pasada la menopausia. Otra cosa es un olvido que va a más, que interfiere en el día a día o que preocupa al entorno: eso se cuenta en el centro de salud, tenga la edad que tenga quien lo nota.

Fuentes

Referencias reales en las que se apoya este contenido:

  • Organización Mundial de la Salud. Menopausia, nota descriptiva actualizada el 16 de octubre de 2024. De aquí la definición por los doce meses consecutivos sin menstruación, la horquilla de los 45 a los 55 años, la delimitación de la perimenopausia, la menopausia prematura antes de los 40, la descripción del sofoco, la pérdida de densidad ósea y la frase sobre la ventaja cardiovascular que desaparece gradualmente tras la menopausia. who.int
  • Hickey M, LaCroix AZ, Doust J y cols. An empowerment model for managing menopause. The Lancet, 2024;403(10430):947-957. Primer artículo de la Serie sobre menopausia. De aquí la incertidumbre sobre qué síntomas causa la menopausia y la ausencia de un síndrome universal, el consenso de los NIH de 2005, las cifras de prevalencia e intensidad de los sofocos, el 10-40 % de síntomas genitourinarios, el promedio de cuatro a siete años, lo que se sabe del sueño y de la memoria, y la incertidumbre sobre las enfermedades crónicas. doi.org
  • Mishra GD, Davies MC, Hillman S y cols. Optimising health after early menopause. The Lancet, 2024;403(10430):958-968. De aquí la edad típica de 50 a 51 años en los países de renta alta y el 8 % —12 % en el mundo— de menopausias entre los 40 y los 44. doi.org
  • Brown L, Hunter MS, Chen R y cols. Promoting good mental health over the menopause transition. The Lancet, 2024;403(10430):969-983. De aquí que el riesgo psicológico no es universal ni uniforme, los factores de riesgo descritos y la advertencia de no atribuir automáticamente al cambio hormonal los síntomas psicológicos de esta etapa. doi.org
  • Avis NE, Crawford SL, Greendale G y cols. Duration of Menopausal Vasomotor Symptoms Over the Menopause Transition. JAMA Internal Medicine, 2015;175(4):531-539. Estudio SWAN. De aquí las 3.302 mujeres seguidas entre 1996 y 2013, las 1.449 con sofocos frecuentes, la mediana de 7,4 años, los 4,5 años posteriores a la última regla y las medianas de 11,8 y 3,4 años según cuándo empiezan. pmc.ncbi.nlm.nih.gov
  • Greendale GA, Sowers M, Han W y cols. Bone mineral density loss in relation to the final menstrual period in a multiethnic cohort: results from the Study of Women’s Health Across the Nation (SWAN). Journal of Bone and Mineral Research, 2012;27(1):111-118. De aquí las 862 mujeres, la ventana que va de un año antes a dos años después de la última regla, y los porcentajes de pérdida ósea: 10,6 % acumulado en columna lumbar con 7,38 % dentro de esa ventana, y 9,1 % en cuello femoral con 5,8 % dentro de ella. pmc.ncbi.nlm.nih.gov
  • Greendale GA, Sternfeld B, Huang M y cols. Changes in body composition and weight during the menopause transition. JCI Insight, 2019;4(5):e124865. Estudio SWAN. De aquí las 1.246 mujeres, el ritmo de ganancia de grasa que se dobla al arrancar la transición, la caída de masa magra y el peso que sube con la edad sin acelerón. insight.jci.org
  • Greendale GA, Huang MH, Wight RG y cols. Effects of the menopause transition and hormone use on cognitive performance in midlife women. Neurology, 2009;72(21):1850-1857. Estudio SWAN. De aquí las 2.362 mujeres, los cuatro años de seguimiento y la recuperación del rendimiento en la posmenopausia. pmc.ncbi.nlm.nih.gov
  • National Institute of Arthritis and Musculoskeletal and Skin Diseases (NIH). Osteoporosis: síntomas y causas. De aquí que se la conozca como la enfermedad silenciosa porque por lo general no da síntomas hasta que se fractura un hueso. niams.nih.gov
  • Asociación Española Contra el Cáncer. Síntomas del cáncer de útero. De aquí que, en mujeres con menopausia, cualquier sangrado vaginal —aunque sea pequeño— deba ser valorado por el especialista. contraelcancer.es

Las fotografías de este artículo son ilustraciones generadas con inteligencia artificial.

Eduardo García, autor de Compás Vital, mirando a cámara

Escrito por Eduardo García

Divulgador, 56 años. CDO en Kenzen Formación —formación de posgrado para fisioterapeutas— y asesor externo del grupo Himba Tours. Escribo sobre los 50 con conocimiento de causa: tengo la edad de quien me lee. Y no publico nada que no pueda sostener con fuentes a la vista.

Divulgación de carácter general, escrita a partir de las fuentes citadas arriba. La valoración individual corresponde siempre a un profesional sanitario: ante dolor, una condición de salud o cualquier duda, pide cita en tu centro de salud y coméntalo con tu médico de cabecera.